Conocimiento y comprensión del tráfico

may 2019

Factor Humano

Las explicaciones de este capítulo evidencian la importancia que tiene evitar, en la medida de lo posible, que se produzcan situaciones que pongan en peligro la seguridad de los niños en el tráfico rodado. A ello pueden contribuir enormemente otros usuarios de la vía pública, como los conductores de turismos, que son las personas involucradas con mayor frecuencia en accidentes con niños. Por ejemplo, mediante su forma de conducir.

Por lo general, el objetivo de la mayoría de los desplazamientos es llegar de A a B de la forma más rápida, cómoda y segura posible. Los obstáculos que lo impiden —con grandes diferencias según la región y el medio de transporte— se aceptan a regañadientes, se evitan en la medida de lo posible o, directamente, se ignoran por completo. Por lo general, los semáforos en rojo son respetados por los conductores de vehículos a motor, mientras que su aceptación disminuye considerablemente entre los ciclistas y, en el caso de los peatones, parecen ser una mera recomendación. Los riesgos que conlleva utilizar teléfonos móviles en el tráfico rodado también son de sobra conocidos. No obstante, con demasiada frecuencia y a pesar de las prohibiciones, escribimos y leemos mensajes o echamos un vistazo a la lista de reproducción. Apenas tenemos en cuenta que, de esta forma, nos ponemos en riesgo a nosotros mismos y ponemos en riesgo a los demás. La situación es similar si hablamos de respetar la velocidad máxima permitida. En países con escasa vigilancia y multas bajas, sobrepasar el límite en 10 km/h parece estar aceptado socialmente, e incluso superarlo en 20 km/h «tampoco es para tanto». Si un usuario de la vía pública respeta los límites, otros vehículos circularán pegados a él, le presionarán y le adelantarán de forma arriesgada. Sin embargo, casi nadie es consciente de las graves consecuencias que puede tener superar la velocidad máxima, aunque sea ligeramente. Sobre todo en el caso de los niños, en un abrir y cerrar de ojos, los accidentes pueden tener consecuencias fatales.

El siguiente ejemplo, visualizado en una simulación de accidente de DEKRA, sirve para ilustrar este problema: un turismo circula por una calle con un límite de velocidad de 30 km/h en una zona residencial. En el borde de la calzada hay vehículos aparcados. De entre dos vehículos aparcados, sale alguien empujando un carrito de bebé para cruzar la calzada. El conductor del turismo respeta totalmente la velocidad máxima permitida, reconoce la situación y reacciona frenando en seco. El vehículo se detiene justo delante del carrito de bebé. Una situación aterradora para todos los implicados que, por suerte, no acaba en colisión.

Las cosas cambian cuando el vehículo «solamente » circula 10 km/h más rápido en la misma situación. Mientras que en el primer caso se recorrieron 8,3 metros en el tiempo de reacción de un segundo, si la velocidad inicial es de 40 km/h se recorre una distancia de 11,1 metros. El vehículo que circula a 30 km/h hace un recorrido total de 12,9 metros hasta detenerse, mientras que si circula a 40 km/h no se detiene hasta los 19,3 metros. Cuando se produce el choque contra el carrito de bebé después de 12,9 metros, la velocidad aún es de 35 km/h. Para el bebé del carrito o para un peatón, cabe esperar lesiones graves o mortales. Un conductor aún más acelerado que circule a 50 km/h recorrerá 13,9 metros durante el tiempo de reacción. Así, en el punto de colisión, ni siquiera habrá comenzado a frenar y alcanzará al carrito del bebé, tal y como muestra la simulación del accidente, a 50 km/h, lo que tendrá consecuencias fatales para el bebé.

Las investigaciones en materia de accidentes de DEKRA muestran que es habitual que peatones o ciclistas —frecuentemente, niños— aparezcan de forma repentina de entre vehículos aparcados o detrás de otros obstáculos visuales como paneles publicitarios o armarios eléctricos, lo que suele provocar accidentes. Muchos de estos accidentes se podrían prevenir si se respetase la velocidad máxima permitida y se evitase el uso del móvil y demás dispositivos.

Tampoco se deben olvidar las consecuencias psicológicas para los propios conductores. Cuando durante un juicio se le comunica a una persona que, según los cálculos de un experto, el accidente que ha causado podría haberse evitado si hubiese respetado la velocidad máxima permitida y que, sin embargo, debido a que circulaba «solo» 10 km/h por encima del límite, ha arruinado la vida de un niño y de su familia, la carga psicológica es mucho mayor que la inevitable multa. Por ello, quien desee ir de la forma más rápida, cómoda y segura posible de A a B debe conceder la máxima prioridad a la seguridad. De lo contrario, en casos extremos, se enfrenta al riesgo de no llegar siquiera a su destino.

En la simulación de accidente de DEKRA, se impactó contra el carrito de bebé dentro del tiempo de reacción a una velocidad de 50 km/h y este salió despedido a varios metros de distancia.:

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