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Minimizar eficazmente los potenciales de riesgo

may 2022

Factor Humano

La falta de experiencia, la sobrevaloración de las propias capacidades y la mayor disposición al riesgo de los conductores noveles se cuentan entre las causas de error más peligrosas; unos errores que, en demasiadas ocasiones, desembocan en accidentes de tráfico graves. Estos errores se cometen asimismo al conducir bajo la influencia del alcohol y de estupefacientes, así como en caso de distracciones durante la conducción derivadas, por ejemplo, de la utilización de dispositivos móviles. Por ello, resulta esencial que, además de enseñar el manejo del vehículo y la normativa, en las autoescuelas se preste también atención a competencias generales, como conductas relevantes para la seguridad, autocontrol, autobservación y el cumplimiento de las normas de circulación.

Minimizar eficazmente los potenciales de riesgo

Con el permiso de conducir recién obtenido, llega el momento tan esperado de dar la primera vuelta en coche. Tan solo un pequeño paseo. Tim y un amigo suyo salen a dar una vuelta en coche escuchando música a todo volumen y cantando a coro. ¡Se sienten eufóricos! De repente, Tim recibe un mensaje de texto en su móvil. Sosteniendo el volante con una sola mano, busca su smartphone con la otra, pero se le resbala y cae en el espacio reposapiés. Mientras el conductor y el acompañante intentan recuperar el móvil, se masca la desgracia: el vehículo se sale la carretera, atraviesa un terraplén y acaba en un prado. Para conductores jóvenes y noveles, la euforia de los primeros trayectos en coche acaba muchas veces con un chasco, y con el peligro de perder el carné que tanto les ha costado conseguir. Debido a su elevado riesgo de sufrir accidentes, los conductores y conductoras jóvenes de entre 18 y 25 años no gozan de muy buena reputación; este hecho se aborda en detalle en el capítulo «Accidentes» mediante datos estadísticos.

Las cifras estadísticas y el escenario ficticio descrito al principio ponen de relieve la propensión de los conductores noveles a comportarse de forma imprudente, realizar maniobras arriesgadas y, por ende, sufrir accidentes. Entre los factores de riesgo estudiados en detalle se cuentan la falta de experiencia al volante, el dominio deficiente del vehículo, la asunción consciente de riesgos (por ejemplo, para vivir experiencias al límite o alardear de habilidades al volante ante amigos), la distracción de la situación del tráfico debida al uso de dispositivos digitales (para leer y escribir mensajes de texto o realizar llamadas), la conducción bajo los efectos del alcohol o de estupefacientes, y la participación en carreras ilegales. Este tipo de comportamientos incorrectos se ve fomentado por la predisposición personal, influencias sociales del grupo de afinidad (peer group), preferencias de estilo de vida y actividades de ocio. Los factores de riesgo rara vez se manifiestan de forma aislada. A menudo actúan simultáneamente múltiples factores de influencia.

FALTA DE EXPERIENCIA AL VOLANTE

La falta de experiencia en el manejo del vehículo, una evaluación inadecuada de los peligros y la capacidad todavía limitada para memorizar las interacciones entre las personas, el vehículo y el entorno son atributos característicos de los conductores noveles. Una vez superado el examen de aptitud, los conductores acumulan experiencia con el tiempo, a medida que se enfrentan a las distintas exigencias del tráfico rodado. La superación de los exámenes de conducir teórico y práctico acredita «solamente» que se ha adquirido una competencia para conducir conforme al reglamento. Esta engloba, entre otros, un nivel adecuado de conocimientos sobre las normativas legales vinculantes, familiaridad con los peligros del tráfico rodado y las conductas necesarias para poder evitarlos, así como conocimientos técnicos para el manejo seguro de un automóvil y su uso en la práctica.

Al igual que sucede cuando se aprende un nuevo deporte, el aprendizaje de las normativas debe combinarse con formación práctica y procesos de observación y de movimiento en distintas situaciones de circulación diaria por carretera. Como bien se dice: la práctica hace al maestro. De este modo, se crean representaciones nemotécnicas para cada tipo de situación de tráfico, las cuales se vinculan con las normativas pertinentes por medio de reglas «si-entonces», y se mejoran continuamente a medida que se superan las distintas exigencias del tráfico rodado. Este proceso de optimización depende en gran medida de ejemplos modélicos, comentarios y valoraciones de experiencias de malas prácticas, por ejemplo, cuando se cala el motor al arrancar. Los conocimientos teóricos se convierten gradualmente en pautas de conducta prácticas. La clave consiste en procesar de manera fiable la información relevante de una situación, con el fin de desarrollar así una compresión inmediata e iniciar la tarea de conducción necesaria.

En este contexto se habla también de conciencia de la situación. Según la definición propuesta en 1995 por la investigadora estadounidense Mica R. Endsley, este término puede clasificarse en tres niveles. En primer lugar se detecta el peligro. A continuación, este se interpreta considerando su relevancia para, por último, poder predecir o determinar las consecuencias —en el peor de los casos, un accidente— que pueden originarse en el espacio de tiempo que sigue. En un artículo publicado en 2017, el ingeniero industrial Anuj K. Pradhan y el psicólogo David Crundall expusieron que, al percibir situaciones del tráfico, los conductores noveles no disponen de estrategias suficientes para fijar la mirada y que además utilizan métodos de exploración mentales rígidos que exploran el espacio ante el vehículo en una área demasiado estrecha y cercana. Debido a ello, no logran identificar a tiempo los estímulos o bien los interpretan de forma incorrecta y, por consiguiente, hacen un uso erróneo de la información disponible. Por lo general podemos afirmar que, en comparación con los conductores experimentados que disponen de varios años de práctica al volante, los conductores noveles descubren menos peligros potenciales y suelen subestimar el peligro que suponen, con frecuencia sobrestimando al mismo tiempo sus habilidades de conducción. A menudo, apartan la vista de la calzada más de 2,5 segundos y son más propensos a utilizar el móvil y otros dispositivos de infoentretenimiento durante la marcha.

PROPENSIÓN A REALIZAR MANIOBRAS ARRIESGADAS

Es probable que los estímulos relevantes no se puedan reconocer a tiempo debido al nivel considerable de atención y concentración que se necesita durante el proceso continuado de autoaprendizaje para mejorar el dominio del vehículo en la fase de conductor novel. Esta «lucha» por distribuir los recursos mentales limitados quedó reflejada, por ejemplo, en un estudio israelí publicado en el año 1998. En este estudio se expuso que los conductores noveles que conducían vehículos con cambio manual detectaban muchas menos señales de tráfico que los que conducían vehículos automáticos. Por el contrario, para los conductores experimentados, el tipo de cambio no tenía influencia alguna sobre la detección de señales de tráfico. A partir de este hallazgo, los autores concluyeron que los conductores noveles necesitan realizar un esfuerzo mental tan elevado para conducir el vehículo y, por consiguiente, cambiar de marchas, que no disponen de suficientes capacidades para procesar la información disponible en el espacio vial.

El psicólogo especialista en tráfico Franz-Dieter Schade constató hace ya más de 20 años que para poder dominar el vehículo, procesar la información y orientarse en el espacio vial de forma correcta se precisa una experiencia en carretera de como mínimo 3.500 kilómetros; distancia que muchos conductores consiguen recorrer al cabo de seis meses o, a más tardar, al cabo de un año de práctica al volante. Este punto de vista ha sido respaldado mediante nuevos estudios de carácter internacional. Numerosos investigadores de distintos países han analizado con mayor detalle las tasas de accidentes de los conductores noveles, relacionándolas, por ejemplo, con los kilómetros recorridos o los meses de posesión del permiso de conducir. Todos los estudios muestran que la probabilidad de verse implicado en un accidente es superior en el espacio de tiempo inmediatamente posterior a la obtención del permiso de conducir y que este riesgo disminuye en gran medida a continuación.

EL POTENCIAL DE RIESGO DE LOS CONDUCTORES JÓVENES EXPERIMENTADOS

Un tema clave que concierne a los conductores noveles es su intención de respetar las normas de circulación. Que un conductor cumpla o no una normativa de tráfico, además de depender de sus capacidades —es decir, de que pueda cumplirla—, depende de su disposición a comportarse conforme a dicha normativa en el tráfico rodado —es decir, de que quiera cumplirla—. Según Stefan Siegrist, de la Oficina de asesoramiento para la prevención de accidentes de Berna, y Eva Roskova, de la Universidad Comenius de Bratislava, el cumplimiento de una norma de circulación depende de los siguientes factores:

  1. el conocimiento de la normativa,
  2. la valoración subjetiva del tipo de sanción y la probabilidad de ser descubierto,
  3. las normas sociales (= reglas y estándares que rigen cómo deben y no deben comportarse las personas),
  4. el control del comportamiento percibido,
  5. las costumbres y el comportamiento previo,
  6. las condiciones circunstanciales (por ejemplo, diseño del espacio vial), y
  7. la aceptación de las normas.

La renuencia está estrechamente relacionada con la mayor disposición al riesgo que muestran los jóvenes, y en particular, los hombres. Como factores causantes de este fenómeno se cuentan la socialización y las hormonas, como la testosterona. Debido a que esta hormona se encuentra en el organismo de los hombres en una cantidad mucho superior a la de las mujeres, durante la pubertad se produce un «tsunami » neuroendocrinológico en un momento en el que el cerebro está en proceso de transformación. A esta reestructuración del cerebro se la denomina proceso de maduración. La maduración del cerebro progresa desde la parte trasera a la delantera. En este proceso, primero se desarrollan las estructuras del cerebro responsables de procesos de control simples, como las actividades motoras o las tareas sensoriales para el procesamiento de información. A continuación se desarrollan estructuras de procesamiento más complejas, responsables de planificar, decidir, evaluar y ejecutar planes de actuación.

Las conductas de riesgo en el tráfico rodado aumentan en contextos festivos
Las conductas de riesgo en el tráfico rodado aumentan en contextos festivos

Debido a que el desarrollo del cerebro progresa a un ritmo distinto, los jóvenes suelen comportarse de forma más arriesgada. Las personas en este grupo de edad se comportan de forma más espontánea e impulsiva que las personas de edad madura. En otras palabras, los mecanismos de control todavía inmaduros del lóbulo frontal del cerebro no pueden reprimir con eficacia el flujo de estímulos del centro de placer. Esto influye en la forma en la que los jóvenes gestionan los riesgos en el tráfico rodado y su disposición a asumir riesgos, incluso de forma consciente, para disfrutar de la elevada aptitud al volante que creen tener. En este contexto resultan interesantes los resultados obtenidos en la encuesta del Instituto Forsa —realizada por encargo de DEKRA— que hemos citado en la introducción de este informe. Esta revela que el 54 % de los hombres jóvenes encuestados de Alemania (de entre 18 y 24 años de edad) considera que conducen mucho mejor o algo mejor que el promedio de todos los conductores de automóviles. Solo un 37 % de las mujeres jóvenes encuestadas compartía esa opinión.

Este fenómeno de sobrevaloración se refleja asimismo en la denominada edad subjetiva. En el metaanálisis publicado en 2021 por los psicólogos Martin Pinquart y Hans-Werner Wahl basado en 293 estudios disponibles en todo el mundo y en los que participaron aproximadamente 1,5 millones de personas con edades desde la adolescencia hasta la edad adulta, se constata que, hasta los 25 años, las personas sobrestiman de forma sistemática su edad en hasta cinco años. Los hombres jóvenes se consideran subjetivamente más mayores de lo que les corresponde por su edad cronológica. La imagen que tienen de sí mismos es pues exageradamente positiva y está asociada a atributos como experiencia, madurez y competencia.

EXCESO DE CONFIANZA Y ASUNCIÓN CONSCIENTE DE RIESGOS

Además de la valoración de sus propias competencias, las denominadas motivaciones adicionales determinan el alcance del riesgo asumido, es decir, la percepción de peligros. Estas motivaciones adicionales representan posibilidades de satisfacer las necesidades mediante el uso del vehículo que van más allá de la mera finalidad del trayecto. Entre estas se cuentan la motivación de dar una imagen de sí mismo como creador de identidad, el placer al volante y la búsqueda de emociones extremas al conducir. Las posibilidades de comunicación que ofrecen las redes sociales como Facebook o Instagram abren nuevas vías para satisfacer las necesidades de reconocimiento social mediante el simple envío de imágenes o secuencias de vídeo con el smartphone. Los «Me gusta», los buenos resultados conseguidos en una carrera o un peatón mirando con admiración un vehículo tuneado son expresiones de que somos percibidos por los demás de forma positiva. En la encuesta del Instituto Forsa realizada por encargo de DEKRA, el 6 % de los conductores jóvenes del sexo masculino y el 2 % de las conductoras declararon que conducían un vehículo para impresionar a los demás. El 22 % de los hombres jóvenes y el 11 % de las mujeres jóvenes estaban también de acuerdo con la motivación adicional «Conducir rápido y sentir la descarga de adrenalina».

EL ESTILO DE VIDA Y EL CONTEXTO PERSONAL ENTRE LOS PRINCIPALES FACTORES DE INFLUENCIA

Las conductas de riesgo en el tráfico rodado aumentan en contextos festivos
Las conductas de riesgo en el tráfico rodado aumentan en contextos festivos

A los jóvenes se les relaciona a menudo con determinadas actividades de ocio y un estilo de vida en el que prima la diversión. Por ello, los conductores jóvenes suelen sufrir accidentes durante el fin de semana cuando vuelven a casa de una salida con amigos, de la discoteca o de una fiesta. En las primeras horas de la mañana, las capacidades están considerablemente limitadas desde un punto de vista biológico.

Un proyecto de investigación del Instituto Federal de Carreteras alemán (BASt, por sus siglas en alemán) puso ya de manifiesto en 1999 que resultaba conveniente diferenciar a las personas jóvenes de riesgo según sus grupos de estilo de vida y ocio, sus preferencias de moda, musicales y cinematográficas, el tipo de actividades de ocio, incluyendo sus hábitos de consumo de alcohol o drogas, así como su posición respecto a grupos de la cultura juvenil y alternativa. Se identifican cinco grupos de estilos de vida que se diferencian entre sí por el peligro que suponen en el tráfico rodado y por sus características psicológicas, demográficas y socioeconómicas: las personas que buscan sensaciones extremas, las personas críticas y amantes de la cultura, las personas hogareñas, las personas amantes de la acción y las personas amantes de la moda.

Las personas amantes de la acción son principalmente hombres (84 %) a los que les gusta conducir en su tiempo libre, llevan un estilo de vida emocionante y arriesgado (por ejemplo, practican deportes extremos) y a menudo se ven involucrados en accidentes. Les gusta conducir y lo hacen a menudo, confían excesivamente en sus propias capacidades y tienen una predisposición elevada a conducir a altas velocidades y a comportarse de forma agresiva en el tráfico rodado. Las personas amantes de la acción consumen con frecuencia alcohol y estupefacientes en gran medida, pero conducen rara vez bajo su influencia. El grupo de personas que buscan sensaciones extremas se distingue por los siguientes atributos: 61 % hombres, promedio de edad más bajo, siguen activamente las tendencias (deportivas, de ocio, musicales), conceden importancia a la diferenciación y la imagen, están más involucrados en accidentes y consumen alcohol y estupefacientes en gran medida (también cuando conducen).

El estilo de vida de los conductores y las conductoras con una edad de entre 18 y 24 años va asimismo asociado al uso de vehículos de mayor antigüedad y a la presencia en el vehículo de miembros de su grupo de afinidad, es decir, el grupo de personas que comparten la misma edad y opiniones. Numerosas investigaciones internacionales sugieren que el riesgo de que los conductores y conductoras jóvenes sufran un accidente mortal es mayor cuando en el vehículo les acompaña al menos un miembro del grupo de afinidad, siendo el riesgo considerablemente superior en el caso de acompañantes del sexo masculino. Los acompañantes de edad adulta tienen un efecto protector, pues su presencia reduce el número de cuasi-accidentes y de maniobras arriesgadas. Tanto la presencia de acompañantes jóvenes como de mayor edad inhibe la ejecución de tareas secundarias, como el uso del smartphone. Este fenómeno se debe a los denominados conceptos de conformidad, los cuales establecen que las personas que comparten las mismas ideas, valores y preferencias en cuanto al estilo de vida se comportan de forma similar, pues confluyen más fácilmente y, por consiguiente, son más susceptibles de ser influenciadas.

La gran influencia que las personas de la misma edad ejercen sobre el comportamiento al volante de este grupo de edad queda reflejado en otro proyecto de investigación alemán del BASt. El concepto de conformidad sugiere que las personas necesitan sentirse aceptadas por miembros relevantes de su grupo de referencia. Para conseguir esta aceptación, la actitud y la conducta propias se amoldan a menudo a las de la otra persona; es aquí cuando las personas influyentes del grupo cobran una importancia especial. Si respeta las normas del grupo de afinidad, la persona se gana la aceptación de los miembros del grupo, pero si no se comporta conforme a estas normas, corre el riesgo de ser rechazada o incluso excluida. Por consiguiente, la influencia que ejercen los demás consiste, entre otros, en iniciar procesos de adaptación o cambio. Cuando viajan amigos en el vehículo, los conductores no quieren mostrar ninguna debilidad y satisfacen sus expectativas prácticamente sin oponerse.

Como demuestra el estudio del BASt, el grupo de afinidad ejerce una influencia considerable sobre el comportamiento de riesgo de los conductores y las conductoras jóvenes. Conducir a alta velocidad, tras el consumo de alcohol o utilizando el teléfono móvil son ejemplos típicos de esta influencia social. Aproximadamente el 30 % de las conductas de riesgo pueden explicarse mediante elementos distintivos del grupo de afinidad. Un análisis diferenciado llegó además a otra interesante conclusión: cuanto mayor sea la frecuencia con la que se observa una conducta de riesgo determinada, más probable es que uno acabe adoptando dicha conducta.

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