Los niños camino a la escuela: «padres taxi» frente a niños independientes

may 2019

Factor Humano

Ciclistas de camino a la escuela
Incluso como ciclistas, los niños están muy amenazados en el tráfico rodado.

El caos del tráfico matutino a la puerta del colegio provoca tensiones desde hace años. En particular, la situación frente a las escuelas de educación primaria nos recuerda a un enjambre. Algunas encuestas han señalado que, en promedio, más del 30 % de todos los niños en edad escolar primaria llegan en coche hasta la entrada del colegio. Si las condiciones externas son poco favorables (infraestructura no adecuada para los niños, largo trayecto hasta la escuela, falta de transporte público de cercanías), el porcentaje puede ser aún mayor. En este contexto, el tema de los «padres taxi» ha cobrado relevancia internacional. Según un estudio realizado en 2018 por Allianz Australia, dos terceras partes de los padres australianos pasan hasta ocho horas a la semana haciendo de chóferes de sus hijos. En Gran Bretaña, también se han recogido datos similares. Según una encuesta encargada por TescoCars en 2011 sobre las costumbres de conducción de los padres, casi una tercera parte de ellos dedica hasta 50 horas al mes a llevar a sus hijos a la escuela y a actividades de tiempo libre.

Hay diferentes razones para usar el propio coche como un «taxi» para los niños. Por una parte, este desarrollo está favorecido por cambios en la sociedad, como la libertad para elegir colegio —que conlleva desplazamientos más largos—, los cambios en la vida laboral, el mayor número de familias con coche o también la falta de tiempo en la vida diaria. Por otra parte, a menudo a los padres les preocupa que a sus hijos les pueda ocurrir algo. En una encuesta de ADAC sobre la seguridad en el trayecto a la escuela, la mayoría de los padres (un 80 %) reconoce tener miedo de que su hijo en edad escolar primaria vaya solo al colegio. Estos miedos están relacionados, por una parte, con la seguridad social (agresiones físicas, asaltos, acoso escolar) y, por otra parte, con la seguridad de sus hijos en el tráfico rodado (alta densidad de tráfico, riesgo de accidentes de tráfico, situaciones de tráfico demasiado complejas en el camino a la escuela). A pesar de que estos temores son comprensibles, por suerte cada vez se cumplen con menor frecuencia en la realidad. La seguridad camino a la escuela ha mejorado constantemente a lo largo de los últimos años gracias a numerosas actividades. Muchos padres ignoran por completo que, al llevar a sus hijos en coche al colegio, contribuyen a un aumento del tráfico y, además, ponen en peligro a los niños que van al colegio a pie o en bicicleta.

Por qué merece la pena dejar el coche en casa

Sin duda, cada niño fallecido o herido es una terrible tragedia. Sin embargo, la sobreprotección de algunos padres —para quienes ya se ha consolidado el término «padres helicóptero»— apenas tiene consecuencias positivas para sus hijos, a pesar de ser seguramente bienintencionada. En lugar de aumentar la seguridad, la disponibilidad constante de los padres promueve un incremento de la inmovilidad de los niños. Las deficiencias resultantes afectan al propio comportamiento en el tráfico y, además, también tienen consecuencias negativas en su salud y sus habilidades sociales. Debido a la falta de experiencia propia en el tráfico rodado, los niños que van a todas partes en coche tienen un comportamiento más inseguro en su entorno vial. Les falta práctica y sus capacidades también son más limitadas, lo que a su vez conlleva dificultades para afrontar situaciones de tráfico especialmente complejas. Esto es especialmente evidente en el uso de la bicicleta. En este caso, el desarrollo de las competencias debe comenzar lo más pronto posible, incluso desde la edad preescolar. Más adelante, especialmente después de 4.º de primaria, el desarrollo ya no es tan sencillo, lo que se refleja, por ejemplo, en los peores resultados que obtienen en el examen de bicicleta. Desde el punto de vista de la salud, la falta de movimiento es el punto de partida para otros problemas, como el sobrepeso y otras enfermedades físicas secundarias, desde la diabetes hasta la degeneración cognitiva. Esto conlleva finalmente un mayor riesgo de accidentes, lo que refuerza el sentimiento de miedo de los padres y activa su necesidad de protección.

Afrontar de forma independiente el camino a la escuela tiene una gran importancia para el niño en su transición de una movilidad acompañada a la movilidad independiente. Al ir solos al colegio, se considera que los niños, además de acumular experiencias directas relacionadas con el tráfico, disfrutan de beneficios en cuanto a la salud, el desarrollo y el aprendizaje, ya que el movimiento al aire libre exige concentración, atención, equilibrio y receptividad, pero también, en muchos casos, contactos sociales y comunicación. Y para el medioambiente también es bueno que el coche se quede en casa.

Medidas para promover la aceptación

Para convencer a los padres de que dejen su «taxi» en el garaje, hay diferentes enfoques. Así, a través de cartas del colegio y mensajes de advertencia en las reuniones de padres, o incluso mediante el uso de medidas represivas por parte de la policía, se intenta provocar un cambio de comportamiento. No obstante, el éxito suele ser moderado. Es mucho más razonable combinar medidas infraestructurales y pedagógicas. En primer lugar, los caminos escolares adaptados a las competencias de los niños y preparados para sus errores son el requisito previo para una mayor aceptación de la movilidad independiente. Además, es importante establecer un programa de movilidad escolar que mejore las competencias de tráfico de los niños. El trabajo conceptual debe realizarse en equipos interdisciplinarios en los que estén presentes la escuela, los padres, la administración pública y la policía, por ejemplo, cuando se trata de planificación de caminos escolares o de la implementación de medidas de educación vial. Finalmente, hay que motivar a los niños para que hablen con sus padres y los convenzan de lo importante que es para ellos afrontar de forma independiente los caminos habituales. Y es que, a menudo, esto es precisamente lo que quiere el niño.

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